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LEFT BEHIND



 

Conocer en persona a uno de tus mayores referentes no solo a nivel profesional, sino humano, no es algo que sucede todos los días. La foto que veis en la cabecera demuestra esto que os acabo de decir y que más adelante os explicaré por qué.


Esta nueva entrada que os comparto hoy sucedió hace apenas un mes en Cádiz, el 26 de enero de 2023, irónicamente en la Facultad de Empresariales, algo parecido a la carrera que estudié en su día y que poco o nada tiene que ver con la fotografía, alejándose por completo de los principios que en mí representan, cosa de la que os hablaré en otro momento. Aunque eso sí, la Escuela de Cine fue la encargada de convocar esta cita haciendo hincapié en lo importante que es la fotografía en el mundo del celuloide.


Con un frío considerable, tanto fuera como dentro del recinto en el que Emilio Morenatti se disponía a deleitarnos con su trabajo, comenzaría un periplo por su vida que duraría unas cuatro horas, las cuales para mí se pasaron en volandas.




 

En todo lo que duró la charla, solo en dos ocasiones saqué mi teléfono móvil: para la foto del principio y para esta que veis ahora con la que comenzó su exposición. Es ligeramente diferente a la que él mismo publicó en sus redes sociales. Se diferencian varias cosas y que tienen que ver con los elementos que la componen: En la publicada, el chaval dormido en la arena aparece despierto mirando a la pareja y no están ni las bolsas de basura, ni el pájaro ni el pescador al fondo. Elementos que añaden más información a la escena para recrear el contexto de la propia fotografía y que me dieron pistas de la visión que Emilio pone tras su cámara.


Tras ella, numerosas imágenes se irían exponiendo a modo de diapositivas. Desde sus comienzos y hasta sus trabajos más actuales, pasando por Barcelona (su lugar de residencia), Kuwait, Afganistán, EEUU, La Palma, Ucrania... Y un sin fin de sitios más.


Estuve muy atento a cada una de ellas, observando todo prácticamente, y me daba cuenta de que a pesar de su mejora técnica a lo largo de los años, permanecía un componente que las unía: la transmisión de un mensaje. Elemento clave con el que me siento muy identificado.


Sus fotografías hablaban, o al menos, eso me parecía.

Hacía que cada escena se tornara real, es decir, podías formar parte de ese momento porque a través de las mismas te trasladabas a ese lugar. El daily life, como él mismo denominó esa tendencia de fotografiar todo eso que pasa en la vida diaria: "La acción tiene que ser real, si no la foto no funciona". Y no todo era agradable... En mi mente permanecerá el trabajo que realizó en una sesión de retrato a varias mujeres árabes con las caras completamente destruidas a causa de que sus maridos les vertieran ácido.


Pero claro, lo que Emilio exponía es la realidad de la vida, que por desgracia, para algunas personas puede ser una tragedia. Eso está ahí, forma parte de nuestro mundo. Él mismo vivió una tragedia a causa de una explosión que le dejó sin una pierna y que a modo de documental nos mostró las diferencias que había entre recuperarse en un centro de EEUU de alta tecnología y otro en mitad de un poblado de África sin apenas medios. Haciendo referencia a ese contraste social tan grande que existe. Recuperación que según sus palabras: "Mi cámara fue mi mejor terapia". Algo que, con lo que de nuevo, me siento identificado.


Aprovechando el tiempo en rehabilitación hizo fotografías y vídeos de los soldados que fueron a Irak y que lo acompañaron durante su estancia en ese hospital, dando muestras de lo inútil que es una guerra en la que todos pierden, o más bien, los de siempre, como esos soldados que en el documental aprovechaban para decirle a la cámara que querían estar con sus familias y olvidar todo aquello. Pero claro, será algo que llevarán consigo el resto de sus vidas y no solo en su mente, sino en su cuerpo en forma de heridas irreparables.


Todo iba transcurriendo entre imágenes brutales hasta que, de repente, Emilio se paró en la foto que podéis observar en el principio de este post. Sus palabras: "Esta es una de mis fotografías favoritas". Pero cómo, es decir, eso me pregunté. Porque después de ver retratos y composiciones en entornos imposibles, ahora va y dice que una fotografía de utensilios de aseo personal es una de sus mejores fotos. No salí de mi asombro. Pero Emilio se expresó diciendo de la misma lo siguiente: "Left behind". Se refería a las cosas que van quedando atrás, pero no se olvidan. El lugar de la imagen era conflictiva, sin apenas medios, pero donde la gente que allí vivía guardaban utensilios que a su vez servían para preservar su decencia como un último reducto a través del cual las personas podían seguir siendo eso, personas, cuidando su higiene, su salud, su compostura, su decoro, su dignidad.


Increíble cómo a través de lo que parece una imagen tan sencilla se puede expresar tanto.

A veces las cosas más sencillas esconden realidades complejas. Es en los pequeños detalles donde se encuentran las cosas más importantes. Emilio, con su fotografía, me lo demostró de la manera más directa. Causando en mí un impacto que nunca olvidaré.


Y es que no es fácil ver a través de la mirada de Emilio Morenatti. Ahora veo completamente diferente su trabajo. Antes me llamaba la atención como al que más, pero es que ahora lo entiendo de verdad. Entiendo su contexto, entiendo su mensaje y entiendo que transmitir forma parte de su cometido como fotoperiodista que es y que admiro profundamente por su humanidad.


Somos inconscientes del poder que tenemos para cambiar las cosas, para cambiar el mundo que nos rodea. Estamos sometidos constantemente a información diversa que nos llega de todas partes, que nos distrae, que hace que cada vez seamos más egoístas, menos humanos, más autómatas. Todo derivado de un consumo incontrolado que nos está llevando a la ruina. Y claro, a costa del sometimiento ajeno, que es lo peor. Un mundo al que le interesa que permanezcamos dormidos ante todas las malditas injusticias que se comenten a cada rato y ni nos inmutemos porque vivimos en una burbuja ficticia. Y no es más que eso, una burbuja, frágil, una simple aguja la puede romper y con ello darnos de bruces con la verdadera realidad que nos rodea.


Emilio Morenatti es mucho más que un fotógrafo, es un ejemplo de que tenemos que actuar, como él mismo dijo: "El poder de la imagen puede cambiar el mundo".

Pero no solo a través de la imagen, que por supuesto, puede ser una herramienta muy poderosa, sino a través de nuestra humanidad, de nuestra empatía. Emilio consiguió, y ahí fue cuando se dio cuenta de esa frase que dijo: estando en Haití donde se produjo un brote de cólera que acabó con miles de vidas, cómo través de su fotografía enseñó al mundo la situación en la que se encontraban e hizo activar una alarma social a través de la cual médicos sin fronteras se unió a la causa y pudieron solventar en gran parte el problema que ahí aconteció.


Siempre me quedaré con el reflejo de lo que Emilio Morenatti me enseñó ese día, y es que nuestro problema no es otro que el enfoque, apenas vemos porque precisamente no queremos, pero en nosotros está el hecho de centrarnos en lo que verdaderamente importa, girar el anillo hasta que demos con lo que nos dice el corazón.


No hemos venido al mundo por dinero, no es lo que nos ha creado, sino el amor.

El camino de Emilio es el de la lucha, el conflicto, el de la denuncia, la injusticia, la deshumanización, la tragedia, el desamparo, la superación, la fuerza, la empatía, la cruda, y a veces bella, realidad.


Y algún día, eso espero, seguiré ese mismo camino, porque es por ahí donde me dice que vaya mi corazón.


Gracias, Emilio. Por ser, por estar.

 

@ivandelprestamo



















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