I TRI San Fernando 2021: CRÓNICA


No, no todas las experiencias van a ser buenas. El mundo no es de color de rosa y aunque a veces vamos cargados de positividad a la hora de afrontar un reto, siempre la vida está ahí para encargarse de ponerte las cosas un poco más difíciles. Pero también estás tú para contrarrestar esas situaciones que en más de una ocasión nos puede poner en algún que otro aprieto.


La suerte no solo depende del momento, sino de lo que tú hagas en ese momento para aprovechar la situación que se te presenta. Porque no es lo mismo navegar con viento a favor que en contra, pero al final navegas, que es lo importante a fin de cuentas. Tardarás más en llegar, pero llegarás si no cesas en tu lucha.


La foto que abre este post define perfectamente lo que me sucedió en esta prueba, o bueno, mejor dicho, lo más complicado con lo que me tocó lidiar, puesto que no solo fue eso lo único. Para empezar, si la analizas, verás que el sujeto en movimiento está desenfocado, lo que se llama de otro modo: trepidado, justo en el espejo retrovisor de la moto que me tocó para poderme trasladar (de lo que os hablaré más adelante), y no porque mi velocidad de obturación fuese lenta (1/1600), todo lo contrario, sin embargo, la señalización azul que indica carril bici está en perfecto enfoque. ¿Y eso a qué se debe? Pues a que el punto de enfoque central que uso el 99% de las ocasiones para disparar estaba ladeado a la izquierda. Esa fue la última configuración que asigné a mi cámara antes de que se me bloqueara por completo.


A ver, mi querida Canon 80D no es que sea la mejor cámara del mercado, tampoco es la peor, cumple con lo que quiero sencillamente porque mi pasión es la fotografía deportiva, y esta cámara en concreto viene sellada contra las inclemencias climáticas, ya sean salpicaduras de agua, humedad, polvo... Entre otras cosas. Bien, hasta ahí todo bien, lo que no está preparada es para recibir un buen baño de agua salada de la fabulosa playa de Camposoto. Y eso es justamente lo que me pasó.


Yo siempre, he de reconocer, que me la juego en estas cosas. Soy partidario en la fotografía, ya sea deportiva o de cualquier otra índole, que una imagen no es tan buena si no estás lo suficientemente cerca, como decía el mítico Robert Capa. Y es verdad, he comprobado a lo largo de mi todavía cortita experiencia, cómo cambia una foto su impacto si estás cerca de la acción. Quiero formar parte de ella, acompañar al que lo vive porque así de esa manera hace que el espectador también de alguna forma pueda estar ahí cerquita del actor de la escena.


Entonces, pues si los corredores salen hacia el agua, yo me voy al agua, si se tiran al barro, ahí voy yo detrás, pero qué pasa, que nuestro equipo tiene un límite. En esta ocasión, una triatleta que corría con fuerza hacia el mar para comenzar el segmento de la natación me mojó por completo el equipo. Yo estaba agazapado en la orilla y claro, normal que me pasara lo que me pasó.


Al principio no le eché ni cuentas. Pensé, bueno, es agua. Mi cámara puede con todo. Y mi cámara dijo no, no puedo, con todo no, vale que me salpiques con agüita, pero que me pongas chorreando va a ser que no. Se me bloqueó. Desde ese momento dejó de funcionar por completo, solo el roce de mi dedo con el obturador hacía disparar la foto, pero atentos a lo que os digo: el roce. Si apretaba, salía disparada una ráfaga incontrolable de fotografías al azar, para lo cual tenía que apagarla y de nuevo encenderla cada vez que quería hacer una toma, lo que me hacía imposible trabajar con fluidez.


La última configuración establecida era la única válida, no respondía a nada más.

No podía ver nada, pero para que veáis lo importante que sigue siendo la tecnología "antigua", que mi cámara, al ser una réflex, no dispone de visor electrónico, en su lugar, es un espejo que refleja la realidad tal como la ves, con sus pros y sus contras claro, pero en esta ocasión no me pudo venir mejor, ya que si hubiese sido electrónico, no habría podido seguir echando fotos, ni siquiera a duras penas. Y no, no tengo una cámara de repuesto, indispensable por si pasan estas cosas y que desde entonces ya he tomado nota al respecto.


A ver, os pongo en el ejemplo de, no sé, un trabajo super importante que tenéis que entregar del cual se espera lo mejor de ustedes, y de repente el ordenador donde lo preparáis deja de funcionar, todo el tiempo que le habéis dedicado, y el que os quedaba para ello, se esfuma. No es necesario destacar el sentimiento de impotencia que te puede venir en ese momento, sin incluir el de la desesperación, ni el de la ira o el enfado.


Pero no es el camino, son sentimientos que tuve, es la verdad, y que cualquiera tendría si le pasara lo mismo, pero no me resentí a lo que pasó, y con esas circunstancias tan adversas continué mi trabajo, adaptándome como pude a esa situación, porque la fotografía se trata de momentos, muchos de ellos irrepetibles, y no podía dejar escapar la ocasión.


Así que agarrándome a lo que tenía, cogí mi cámara y como pude, sin apenas ver lo que hacía y sin poder cambiar un solo parámetro, seguí disparando, valiéndome, en este caso, de mi intuición.

Realmente, las fotografías que realizo en su mayoría son así, me dejo llevar por mi subconsciente la mayoría de las ocasiones, ¿por qué no esta vez? Así que seguí durante horas, y desde el principio, con esas circunstancias, hasta que ya pasado un largo tiempo, pude insertar un brida que se encontró en el suelo Andrés Carnevali, videógrafo profesional y mejor persona, por el hueco que hay en el obturador y pude sacar el botón un poco hacia fuera. Cosa que no terminó de solucionar el problema, pero que me facilitó las cosas. Ya pude al fin reencuadrar el enfoque, y aunque lo demás no funcionaba bien, era un paso adelante.


Aprender a respirar y seguir adelante con ilusión por cariño hacia lo que haces fue lo que me hizo continuar mi trabajo.

Las cosas se nos pueden torcer en nuestro camino, pero lo importante es saber replantearse la situación y saber actuar con lo que la vida te ofrece por otro lado, y no por el que tenías enfocado.


Esas fueron mis conclusiones cuando finalicé esta última prueba. Fue una paliza física, más de 10 horas a pleno sol, de lo que aún a día de hoy sigo teniendo quemaduras en mi piel. Me las tuve que apañar con llevar una moto, sin conductor, para lo que me tenía que bajar, aparcar, sacar la cámara, volver a guardarla, quita casco, ponte casco. Y así por los diferentes puntos que transcurría la prueba para intentar que saliera todo lo posible su recorrido.


A pesar de todo ello, pude seguir adelante. Lo que hizo que cuando llegué a mi casa, tras esta dura, pero enriquecedora jornada, me saliera una sonrisa. Lo había conseguido.

@ivandelprestamo




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