DES-intoxicación



Es curioso ver cómo las redes sociales pueden llegar a influir en nuestras vidas.


Me he tomado un alejamiento temporal de estos servicios porque me di cuenta que lo necesitaba. Unas vacaciones, desintoxicarme, puesto que lo que menos te dejan es ser libre.


Sin darnos cuenta, sentimos la necesidad de tener que publicarlo todo, o eso, o es que no hemos estado ni vivido, es decir, si no lo publico, es que nunca existió. Ridículo, pero es así.

Empecé a darme cuenta de que no era yo, sino mi móvil, el que había tomado control de mi vida casi por completo. No había sitio donde fuera o cosa que hiciera, que no acabase publicado, aunque no todo obviamente. No sabía ni por qué, sino por el simple hecho de publicar lo que sea, no sé si por llamar la atención y decirle a la gente "hola miradme aquí estoy, mira esto qué chulo, mirad lo que como, mirad lo que bebo..." Uf, me dije a mí mismo.


Estaba cayendo en la cuenta de que estaba intoxicado de algún modo por la cantidad de información de todo el mundo, y claro, yo no podía ser menos, tenía que seguir publicando lo que sea, desde fiestas, comilonas, viajes... La gota que colmó el vaso fue un día normal, un día que tenía que llevar mi coche a pasar la ITV. Quien lo haya llevado, que me imagino, muchos de ustedes, sabrá que fuera donde esperas hay un panel digital que te va indicando el turno por matrícula y la línea por la que tienes que pasar tu coche. Bien, pues cuando vi a un hombre que estaba a mi lado sacar su móvil y hacerse un selfie con el panel detrás para posteriormente publicarlo en Instagram, me dije: ¿A dónde coño vamos a parar?


Si habéis ido a la playa, por ejemplo, este verano y observado solo un poco a la gente, habréis podido ver la cantidad de personas intoxicadas que hay a cuenta de este fenómeno. Parejas que ni miraban al mar, joder, que ni se miraban entre ellos, ya ni al mar, mientras que sus hijos, del mismo modo, enganchados también al teléfono, o si no, a su libre albedrío porque los padres no tenían tiempo de vigilarles puesto que no apartaban su mirada de la pantalla. Es escalofriante. Cada vez nos adentramos más en un mundo donde no existe nada más que nuestro yo.


Nos tienen comido el cerebro. Vamos siguiendo las tendencias como robots. La publicidad nos inunda por cada foto que pasamos, de manera directa o indirecta.

Nada es gratis, eso está claro. Nos hacemos cuentas "free" y en absoluto nos paramos a pensar que lo que pasamos a ser son productos, no clientes. Hacemos lo que hacen los demás y nos dejamos influir por las compras impulsivas de esta sociedad basada en el consumo ilimitado de usar y tirar, creyéndonos amos del mundo, mientras que la otra parte del mismo se muere de hambre o están inmersos en guerras, a nosotros nos da igual, porque hoy tenemos el maldito iPhone 12 y mañana tendremos el 13.


Yo me incluyo, incluyo a todos, porque todos somos partidarios de este sistema que no tiene respeto ni por la naturaleza ni por las personas, haciendo de la empatía un valor que brilla por su ausencia.


Es triste, pero es así. No nos damos cuenta que a nuestro alrededor suceden cosas importantes sobre todo de la gente que nos quiere que no apreciamos porque tenemos nuestra mirada centrada en una pantalla que no nos deja vivir si no consumimos, si no publicamos una maldita foto de la comida que tengo en la mesa. Lo dicho, me incluyo. Yo mismo he hecho esa ridiculez, sin saber ni por qué. Joder, ¿tan aburrido estoy como para tener que subir una foto de la comida que tengo delante de mis narices? ¿A quién coño le importa lo que yo como? ¿A quién coño le importa lo que tú comes?


El que tanto presume de algo más carece de ello. Es decir, aquel o aquella que va diciendo lo feliz que es, no lo será tanto. Aquel o aquella que va pregonando la cantidad de amigos o amigas que tiene es que está más solo que la una.


Nos creemos más de lo que somos y lo que hacemos en gran parte a través de las redes es mentira, haciendo de nosotros mismos alguien que no somos para impresionar al resto. No hacemos más que alimentar nuestro ego, siendo este el principal causante de crear este mundo injusto en el que vivimos. Metidos ahí en una especie de burbuja, y claro, algún día puede explotar, sabemos de la fragilidad de la misma, y nos vamos a dar de bruces, y sin remedio, contra la realidad que nos rodea.


Cada vez más manejables, cada vez más manipulables, y nos hacen creer lo contrario...

Estoy harto de ver doctores del todo, idiotas que se creen que por leer tres titulares de la prensa recalcitrante de su lado ideológico como una propaganda financiada por los intereses económicos que tiene detrás que llevan razón porque sí, sin un solo argumento, o falsos en su mayoría, sin el menor interés por leer y contrastar, dando por válidas cosas que no tienen ni pies ni cabeza, solo porque están en su corriente ideológica ya lo dan por ciertos. Y no solo eso, sino faltando al respeto a los verdaderos científicos, periodistas, y en general, profesionales que ejercen su labor porque tienen un verdadero sentimiento vocacional que les empuja a aprender. Cualquiera con dos dedos de frente que haya estudiado algo a fondo se dará cuenta de que cuanto más sabe de una cosa, menos sabe de su mundo. Por eso mismo, porque es un mundo. ¿Cómo puede haber gente tan descerebrada que sin experiencia en nada hablen y afirmen cosas que jamás en su vida han leído o estudiado?


Yo sé la respuesta: EGO, y las redes en las que estamos inmersos lo alimentan fuertemente.

Lo del virus ha sido el colmo. Ver a la gente opinando sobre virología y ciencia médica es increíble, de verdad, por no decir alucinante. Ponte la maldita vacuna si quieres y si no, no te la pongas, así de sencillo, nadie tiene puta idea de nada, es así, eso solo lo pueden saber verdaderos profesionales que se dedican a ello. ¿Por qué intentar arrastrar a los demás por una decisión que tú mismo has tomado? ¿Para sentirte arropado y después si pasa algo decir te lo dije? ¿No te basta hacer las cosas por ti mismo, necesitas que te den una palmadita en la espalda? Haz lo que te dé la gana y deja en paz al resto. Pero bueno, ese es otro tema. Me refiero al virus, no al punto donde se ha llegado de creernos alguien.


La opinión es libre, faltaría más, pero creernos en posesión de la verdad porque lo dice otro es triste, pero que muy triste. Mejor tener criterio propio, ser críticos con nosotros mismos entiendo que es mejor, entiendo que nos ayuda a crecer, no copiando lo que hacen los demás.


A ver, tened en cuenta una cosa, la mayoría, por no decir un 90% de los contactos que tenemos en las redes no nos conocen, no saben quienes somos, ni por asomo. No son amigos, de hecho diría que es un insulto a ese concepto tan infravalorado. A todo no le podemos llamar amigo, eso requiere de un sacrificio excepcional. En mi caso, me sobran los dedos de una mano para contarlos.


Las redes sociales son un arma de doble filo, puede darse un uso buenísimo de las mismas, no digo que aquí todo sea malo, no es eso, yo mismo las uso como herramienta de trabajo y he aprendido mucho gracias a ellas. Solo digo que un uso responsable nos iría mejor a todos.


La fotografía que ha llevado a meditar de esta manera, como de tantas y tantas otras, por eso le debo tanto. Me hace ser consciente de lo que me rodea y valorarlo de un modo especial, de un modo que me hace pensar que lo que pasa, ya nunca volverá. Hay que aprovecharlo.


Con ella, sí que me siento libre.

Playa de Cabo de Gata (Almería, septiembre 2021)

@ivandelprestamo

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